
A los pintores que, como yo, declaramos abiertamente que nuestro
objetivo es vender, se nos tilda de comerciales, de acomodaticios.
En mi caso no es así. En primer lugar, si no se pinta para vender
¿para qué se pinta? ¿para pasar a la historia?¿para crear escuela?
¿y qué hacer con los cuadros?¿los amontono en casa? Me parece
pretencioso. Y, en segundo lugar, ni yo, ni nadie, puede pintar
para todo el mundo. El mercado no es homogéneo, cada pintor, tie-
ne su público, unos más amplios, otros más reducidos, pero es a
ese sector, al que hay que dirigirse..
Hay una novela de José Saramago (Manual de pintura y caligrafía
ed. Alfaguara), que cuenta la historia de un pintor comercial, re-
tratista complaciente, al que un día se le cruzan los cables, y empie-
za a pintar los verdaderos cuadros que siempre le hubiese gustado
pintar. Y empieza a hacer retratos crueles. Y, claro, pasa lo lógico,
los clientes no quedan contentos, y no le pagan, y acaba hundido
en la miseria.
El fallo de éste pintor, fue dedicarse al retrato, porque el retrato
es, al tratarse de una obra "de encargo", para un sólo cliente, y
te tienes que plegar a sus gustos, porque el que paga, manda.
El retrato, por un lado es fascinante (todo rostro humano es
fascinante), y por otro, casi siempre es complaciente. Y los más
complacientes son los autorretratos. ¿no habeis observado que
en la foto de mi perfil, he puesto un autorretrato?¿por qué no he
puesto una foto? Porque salgo mucho mejor en los autorretratos
que en las fotos.